Cuando hablamos de solidaridad y caridad, solemos utilizar ambos términos con el mismo significado, es decir, dar algo a alguien que lo necesita. En realidad, ambos términos tienen dos significados bien definidos, que sin duda pueden relacionarse, pero que no por ello son idénticos.
Empecemos por el diccionario:
Caridad: ayuda económica prestada a personas necesitadas.
Solidaridad: actitud espontánea o concertada, que responde a una convergencia sustancial o a una identidad de intereses, ideas y sentimientos.
De hecho, la caridad es el acto concreto de entregar dinero de una persona a otra que necesita ayuda. La solidaridad, en cambio, es el instinto de colaboración que impulsa al ser humano a ayudarse mutuamente, creando precisamente la comunidad, el punto fuerte de la raza humana. Desde los primeros homínidos, de hecho, comenzó a desarrollarse este sentido de solidaridad que ha permitido al ser humano sobrevivir a lo largo de los milenios.
Sin embargo, en este momento histórico, el sentido de la solidaridad se está apagando poco a poco bajo el asedio del individualismo, favorecido también por los modernos instrumentos tecnológicos que permiten cada vez más al ser humano evitar la colaboración con los demás. Cuanto más avanzamos hacia el futuro, más puede un hombre permanecer aislado de los demás y valerse por sí mismo sin problemas.
Una consecuencia de esta disociación es el trastorno conductual conocido como «hikikomori», término japonés que significa «mantenerse al margen» y que se utiliza para referirse a aquellas personas que deciden retirarse de la vida social durante largos periodos (desde seis meses hasta varios años), encerrándose en su propia casa o incluso en su dormitorio, sin mantener ningún tipo de contacto directo con el mundo exterior. En Japón se estiman más de 500 000 casos, mientras que en Italia, donde ha llegado más recientemente, se estiman unos 100 000 casos.
Vivir en un mundo en el que cada vez se necesita menos la colaboración de los demás y en el que el conocimiento está al alcance de la mano, hace que el sentido de la solidaridad —que impulsa a las personas a crear comunidades y establecer redes— corra el riesgo de desaparecer. Por eso es importante volver a colaborar entre nosotros, obteniendo beneficios mutuos y favoreciendo el crecimiento social.
Por lo tanto, antes de que exista la caridad, es necesario recuperar una actitud de solidaridad entre personas y comunidades diferentes, de la que pueda surgir luego el acto de la donación como culminación y máxima expresión del espíritu humano.
Artículo de Andrea Mariani
